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domingo, 20 de mayo de 2018

El orden más antiguo de las hermandades del Rocío. Julio Mayo.


Sanlúcar de Barrameda era la primera hermandad
A inicios del siglo XVIII, únicamente peregrinaban a la aldea cinco hermandades, al margen de la de Almonte, aunque este dato no hemos podido contrastarlo documentalmente hasta hace relativo poco tiempo. Han sido muy escasos los detalles que habían trascendido sobre la romería durante los años del barroco, en los que el gran fervor de la religiosidad popular consiguió alzar la fama milagrosa de la Virgen del Rocío. Nunca habíamos tenido noticias del acuerdo que la hermandad de Almonte fue capaz de consensuar, junto a las demás participantes, en el propio santuario con el fin de evitar ciertos desórdenes e incorrecciones que se registraban en la función y procesión de la Virgen. Ni tan siquiera se había sospechado que las hermandades terminarían fijando el orden de preeminencia por el que regir el turno de los relevos para coger las andas de la imagen, realizar sus danzas y tirar los cohetes y fuegos de artificio. Lo sabemos hoy gracias a una información realmente excepcional, cuyo contenido cambia la historia de la romería que venía contándose hasta ahora. Se trata de la copia de un acuerdo que se hallaba anotado, literalmente, en un pleito que mantuvo la hermandad de Pilas contra la de Villamanrique, entre 1766 y 1767.

El 4 de junio de 1724, la de Almonte reunió en la ermita marismeña, en plenas vísperas de la romería, a las hermandades de otros pueblos que acudían al Rocío. A la sesión asistieron representantes del ayuntamiento almonteño, como patrono de la ermita, más los hermanos mayores de cada hermandad. Al parecer, venían sucediéndose continuadas ausencias de hermandades a la romería, razón por la que, año tras año, estaba modificándose el orden del evento. Este documento inmortaliza el puesto que ocupaba entonces cada hermandad. Después de la de Almonte, cogía el paso de la Virgen en las puertas de la ermita la de Sanlúcar de Barrameda, y, a continuación, Villamanrique, Pilas, la Palma del Condado y Moguer. Y a la entrada, la primera que acogía la imagen era la última hasta que la de Sanlúcar de Barrameda les entregaba el relevo a los almonteños. En aquel periodo concreto del siglo XVIII, eran cinco las filiales que acudían. Constaba asentado así en un libro de actas de la hermandad de Almonte, con más de 286 hojas, que hoy ya no existe desafortunadamente, con la relación de todos los asistentes a aquella histórica reunión, y las firmas de quienes suscribieron el documento, conformes con todo lo acordado.

Severa medida de corrección
La hermandad de Almonte pretendió revestir de seriedad un acontecimiento religioso en el que se daban cita los vecinos de pueblos de la comarca. La falta de asistencia al acto de alguna que otra hermandad, de un modo reiterado, obligó a los almonteños a tener que adoptar una medida poco flexible, como autoridad máxima en la regencia de la romería. El desorden que ya existía en ocasiones, lo pone de manifiesto el acuerdo al que hacemos referencia. Este expresa que «algunos años suelen faltar en este Santuario algunas hermandades de las recibidas». De modo conjunto, tanto Almonte como las demás hermandades pactaron que «toda aquella hermandad que faltase uno o dos años, perdiese su antigüedad y la tomase la que se seguía». Es decir, que ni la que faltase un año, sin una justificación bien argumentada, mantendría su puesto. La que incumpliera, pasaría a ocupar el último lugar del orden estipulado para participar en la función y procesión de la imagen.
Pero a pesar de la advertencia, hubo una hermandad que faltó luego a la romería algunas veces más, desde el día en el que se estableció el acuerdo mancomunado. Nos referimos a Sanlúcar de Barrameda. Por lo menos lo hizo hasta en dos ocasiones. Concretamente, entre los años transcurridos desde 1725 a 1757, pues en las Reglas editadas por la hermandad de Almonte, en 1758, figura en un lugar bastante retrasado, después de haber sido destituida del puesto privilegiado que le correspondía (la fecha de fundación era uno de los criterios esenciales para establecer el número de orden dentro de la romería). De este modo, Sanlúcar de Barrameda perdió el primer sitio en detrimento de Villamanrique, que pasó a ocupar el primero. Por la información que nos brinda las reglas de 1758, sabemos que Sanlúcar de Barrameda no pasó a ser la quinta, sino al sexto lugar, entre las de Rota y El Puerto de Santa María, porque se habían incorporado otras hermandades más.

En el año 1766, la hermandad del Rocío de Pilas consiguió que la autoridad eclesiástica le aprobase sus reglas. Sabedora de que Sanlúcar de Barrameda había perdido definitivamente su sitio, trató entonces de hacerse con él, al saber que la hermandad de Villamanrique no se hallaba canónicamente constituida dentro de la demarcación eclesiástica sevillana. Pertenecía a la jurisdicción de San Marcos de León. Por este motivo, ambas hermandades sostuvieron un enfrentamiento judicial, cuyos autos se conservan en el Archivo del Arzobispado de Sevilla.

Rituales de la procesión
Antes de la procesión, las hermandades decían sus misas dentro de la ermita, de modo simultáneo, en los cinco altares que hubo antaño. La devota imagen de Nuestra Señora del Rocío era entregada por el capellán a miembros del ayuntamiento de Almonte, como patrono del templo, y así se iniciaba la procesión. De manos de la corporación municipal, el paso llegaba hasta la hermandad de Almonte, que la entregaba a la primera hermandad. Al recibirla cada pueblo, sus cofrades rocieros efectuaban unos bailes delante de la imagen. Acto seguido, lanzaban cohetes. ¿Hay algo más rociero que un cohete? Al regreso de la Virgen, se realizaba todo este protocolo de modo inverso. Tras la entrada de la imagen, se celebraba la función solemne. Es muy probable que la flauta y el tamboril, tan unidos a la fiesta hoy, formasen ya parte también del rico folclore que describen los documentos. Y el atuendo suponemos que se asemejaría, en algunas prendas, al ropaje que exhiben los romeros y romeras en los grabados de la romería del siglo XIX, y las fotografías más antiguas que se conservan de esta fiesta. La realidad de la fe rociera nos enseña también la historia de sus costumbres, el arraigo del baile rociero en las arenas, al lado de un Simpecado, o frente a la Virgen del Rocío, como antiquísimo rasgo identitario de esta riquísima manifestación religiosa y cultural.  
JULIO MAYO ES HISTORIADOR


Publicado en Abc –Pasión en Sevilla el 20 de mayo de 2018. Cedido por el autor para Sanlucarcontemporanea@blogspot.com

*http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/orden-mas-antiguo-las-hermandades-del-rocio-129041-1526819195.html


Rafael Mendicuti Surga (1814-1860?): un sanluqueño junto al general Espartero.


http://roderic.uv.es/handle/10550/43En Agosto de 1845 la prensa nacional se hacía eco del arresto  del brigadier de caballería Rafael Mendicuti Surga, que sería desterrado desde Sanlúcar a la población sevillana del Arahal. Dicha medida dictada por el gobierno del general Ramón María Narváez, estaba dentro de la política represora contra los líderes del prófugo partido progresista; no en balde, Mendicuti había sido durante muchos años el hombre de confianza del general Baldomero Espartero, héroe de las guerras carlistas y regente del reino de España.
Cuando tratamos de celebridades señeras de la historia de Sanlúcar, el siglo XIX parece casi huérfano de grandes nombres que aún lejos de su ciudad de origen, destacaron en los acontecimientos más importantes de la nación. Una de esas figuras, hoy olvidada, fue sin duda Rafael Mendicuti Surga, nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1814 y que en el desempeño de la carrera militar, fue testigo de sucesos como el motín de los Sargentos de La Granja, o el llamado abrazo de Vergara que dio fin a las guerras Carlistas.
El militar sanluqueño nacería un 15 de Abril, siendo hijo de José Mendicuti[1] natural de las Cabezas de San Juan y Luisa de Surga y Cortés[2]. Del mismo matrimonio nacería su hermano José en 1830, el cual desempeñó diversos cargos públicos en Sanlúcar como miembro de partido progresista. Rafael después de comenzar los estudios en Sevilla de derecho y filosofía y desoyendo los consejos de su madre[3], ingresó en 1832 en el Real cuerpo de guardia marchándose a Madrid.
Después de pasar dos años en la capital, en 1834 su escuadrón fue destinado a Burgos con la misión de capturar al antiguo guerrillero conocido como el “Cura  Merino” que a principio de  la década de 1830 se había unido a las filas carlistas. Durante este servicio se le ascendió a cadete destinándosele nuevamente a la capital del reino  aún a  pesar de solicitar  permanecer en la campaña.

El motín de los Sargentos de la Granja. (1836)   
El denominado motín de los sargentos de la Granja, ocurrido en Agosto de 1836, fue sin duda uno de los sucesos más importantes dentro del periodo de la regencia de la Reina María Cristina, esposa de Fernando VII. Los acontecimientos se desencadenaron la tras la destitución en mayo del presidente del gobierno Juan Álvarez Mendizabal, líder de los liberales progresistas. Con un malestar creciente con la corona dentro de la facción política, aprovechando la estancia de la reina en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, un grupo de sargentos se sublevaron pidiendo la restitución de la Constitución de 1812. Debido a que los oficiales de alto rango se encontraban ausentes al haber asistido a una función de ópera,  parte de los soldados dirigieron su ira contra  sus compañeros que no se habían unido a la revuelta entre los que se encontraba el propio Mendicuti. Este, acantonado en su cuartel y viendo el cariz de los acontecimientos, ordenó a su escuadrón de caballería formar en el patio y esperar impasibles al regreso de los mandos. Al cabo de varias horas y tras negarse a facilitar caballos a los amotinados,  llegó la noticia de que debía jurar acatar la constitución de Cádiz y como premio a su lealtad, ese mismo día fue ascendido a sargento. Sin embargo, para sorpresa de muchos el sanluqueño rechazó el ascenso, alegando que se debía más a causas políticas que a sus méritos en el ejército.

Las guerras carlistas y la regencia. Su vinculación con general Espartero. (1837-1843)
En Junio de 1837 tras el recrudecimiento del conflicto contra los partidarios de Carlos María  Isidro, fue requerido por el general Baldomero Espartero para que le asistiera como su ayudante de campo. Durante los dos años siguientes, Rafael Mendicuti intervino con el rango de capitán de húsares en las principales batallas  del norte de España, destacando su participación en el sitio de Peñacerrada.( País Vasco)
En dicha plaza se había acantonado los carlistas sin voluntad de rendirse, con la amenaza de Espartero de bombardear la fortaleza si no cesaban en su decisión. Después de mandar el general hasta tres emisarios a los sitiados, el sanluqueño se ofreció para un desesperado intento de evitar una masacre, lo cual consiguió tomándose el castillo con pocas bajas por ambas partes. En recompensa, Espartero reconoció la labor de su subalterno otorgándole una cruz forjada con el bronce de los cañones tomados al enemigo  y recomendándole además para desempeñar un cargo en el gobierno, favor al que  renunció Mendicuti prefiriendo seguir en la campaña.
Con la guerra inclinada a favor de las tropas del gobierno de Madrid , en Agosto de 1839 se firmaría el llamado pacto de Vergara entre Espartero y el general  carlista Maroto que terminaría con la guerra. Durante las semanas que duró las negociaciones secretas, el militar sanluqueño participó como hombre de confianza del duque de la Victoria siendo uno de los pocos testigos del acuerdo entre los dos militares. Al año siguiente fue ascendido a teniente coronel, sin embargo su prueba de fuego llegó en 1840.  En ese año el enfrentamiento entre los grupos progresistas y moderados llegó al propio ejército y de este a la población. Así durante la estancia de la reina María Cristina en Barcelona, esta se negó a aprobar las leyes progresistas que Espartero había presentado. Con esta  la negativa, las capas populares junto con una parte de las tropas de la ciudad se levantaron contra la corona, manteniendo el sanluqueño su guarnición acuarteladas para evitar el amotinamiento.

 Es de reseñar que aunque Mendicuti militó en las filas progresistas, sus opiniones no coincidían plenamente con las del líder del partido. Así cuando regresó a Madrid ese mismo año, su relación con los partidarios del ´duque de la Victoria se había vuelto distante. Con un clima político cada vez más complicado y  a pesar de las discrepancias  con el regente, mantuvo su fidelidad personal a quien había sido su mando. De esta forma cuando en Octubre de 1841  tuvo noticias del golpe que estaba preparando el general Concha  contra Espartero, corrió a casa del regente para advertirlo y acto seguido, se presentó en el cuartel del regimiento de Soria para  al frente de estos cargar contra los insurrectos. Como premio a este nuevo acto de fidelidad que le supuso el ascenso al grado de coronel del que no disfrutaría  hasta casi una década después.

Los años de exilio y represión :( 1843-1847)

En Junio de 1843, los generales y líderes del partido moderado Ramón María Narváez, Manuel Gutiérrez de la Concha y Francisco Serrano regresarían a España procedentes de Francia para derrocar al regente Espartero. La batalla entre  las tropas leales a la reina María Cristina tendría lugar cerca de Torrejón de Ardóz, donde parte de los soldados del ejercito esparteristas desertaron a las filas moderadas  consumándose la caída de la regencia del duque de la Victoria. Sabiéndose perseguido por los moderados, Mendicuti  se dispuso a huir disfrazado a Cádiz donde pensaba que podría encontrarse oculto el propio Espartero. A su paso por Bailén, fue detenido por las tropas del  gobierno de Narváez, que lo llevaron preso a Granada, donde permaneció encarcelado casi un mes en la Alhambra. Después de ser liberado, retomó su marcha a Cádiz, pero al llegar a la ciudad supo como el militar hacía varias semanas que  había  embarcado en  El Puerto de Santa María rumbo a Inglaterra.
Teniendo en cuenta el clima de represión contra los progresistas, el sanluqueño embarcó en el vapor británico Malabar anclado frente a Rota, para marcharse a Inglaterra donde permanecería casi un año. A finales de 1844 regresaría a España pensando que el gobierno no tendría ninguna causa penal contra él, sin embargo nada más llegar a Madrid fue detenido y encarcelado durante cuatro meses siendo degradado además de su rango militar. Al salir de la cárcel decidió regresar a Sanlúcar, no sin antes intentar socorrer con sus ingresos  a  otros compañeros de filas[4].
A mediados de 1845, Rafael Mendicuti regresó a su pueblo pensado que el gobierno moderado cesaría en su persecución al alejarse de la corte. Pero como suele ocurrir, la inquina y el rencor de los vencedores contra los derrotados tarda mucho en desaparecer. En Agosto la prensa se hacía eco de la orden del gobierno de desterrar al sanluqueño al pueblo sevillano del Arahal[5]. Curiosamente, Mendicuti, durante sus estancia en Sanlúcar se alejaría de cualquier actividad política, solo apareciendo en la prensa como uno de los promotores de las primeras carreras de caballos[6] [7] ostentando el título de secretario de la recién creada Sociedad de Carreras de caballos.
El regreso a la vida pública.  (1852-1857)
Después de varios años de persecución y con una hacienda mermada por los avatares de la época, Rafael Mendicuti regresaría a la política para desempeñar una comisión a las órdenes de su compañero Joaquín Armero que ostentaba el cargo de Capitán general de Extremadura. Terminado este servicio, dos años después fue designado por el ministro de guerra general D. Anselmo Blaser como comisionado a Andalucía pudiendo establecerse en Sanlúcar. Su vinculación al progresismo dio por fin un justo reconocimiento cuando durante el bienio progresista (1854.1856) fue elegido como diputado por Cádiz en las cortes generales,[8] siendo además  nombrado por el nuevo gobierno de  Espartero para el cargo de gobernador militar de Huelva. Pero como venía siendo costumbre en el sanluqueño, prefirió renunciar al nombramiento sabiendo que este se debía más al interés político que al reconocimiento de sus méritos dentro del ejército.
Con la caída nuevamente del progresismo, Mendicuti se retiró definitivamente a Sanlúcar con el título de brigadier de caballería, recibiendo además en 1857 la cruz de San Hermenegildo la cual  aceptó por significar un galardón militar por su carrera. Sobre los últimos años de su vida en la villa sanluqueña poco se sabe ,incluida la fecha de su muerte. Si bien es cierto, que en la década de 1860 parece desaparecer toda noticia sobre él exceptuando su integración dentro de la Sociedad de carreras de caballos de Sanlúcar[9]. En la vida política, recogió el testigo su hermano José como uno de los líderes del partido progresista y que tomaría parte en la revolución de 1868 en la villa.
Sin duda la figura de Mendicuti Surga sería merecedora de una monografía que analizara tanto su figura como su destacada participación en la política de su tiempo. Su relación  personal con el general Espartero y los principales líderes políticos del periodo isabelino lo hacen ser uno de los personajes más relevantes de la Sanlúcar del S. XIX.

José Mª  Hermoso Rivero.

 


[1] Climent Buzón, Narciso , Historia social de Sanlúcar de Barrameda. Vol. VI. En los tiempos de Rubio Contreras. ( 1868-1902) Ed. ASEHA. Santa Teresa Industrias gráficas. Pág, 28
[2]  CARO CANCELA, Diego ( DIR.). Diccionario biográfico de parlamentarios de Andalucía ( 1808-1869)   E.D. Centro de estudios Andaluces Consejería de Presidencia.  Sevilla 2012. Pág. 212. Ed
[3]  San Miguel, Evaristo, ( Prol) Estado Mayor General del Ejército Español. historia individual de su cuadro, formada con las biografías de los que más se han distinguido e ilustrada con los retratos de cuerpo entero : redactada con la aprobación de S.M. / Sección de Brigadieres . Imprenta de Pedro Montero. Madrid. 1852.
 
[4] Diario “ El clamor público” Jueves 23 de Enero 1845.
[5] Diario  “ El Heraldo “ 14 de Agosto de 1845
[6] GARCÍA RODRÍGUEZ José Carlos, Las carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda (1845-1995) Ed. Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda. Imprime Santa Teresa Industrias gráficas. Sanlúcar 1995.Pág.49
[7]  Diario “ El espectador”  21 de mayo 1846
[8] San Miguel, Evaristo, ( Prol) Estado Mayor General del Ejército Español. historia individual de su cuadro, formada con las biografías
[9] GARCÍA RODRÍGUEZ José Carlos, Las carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda..Pág.50

miércoles, 16 de mayo de 2018

" Dolor, madera y barro" se presentará el 16 de Junio.


El  sábado16 de Junio a las 20:30 horas en Bodegas Hidalgo La Gitana, tendrá lugar la presentación de la nueva novela del escritor sanluqueño Juan José García Rodríguez, Dolor, madera y Barro. Triología barroca ( Círculo Rojo 2018).  En dicho libro, el segundo de García Rodríguez, el autor analiza  la personalidad y la obra de tres grandes artistas del S. XVII , Caravagio Artemisa Gentileschi y La Roldana. Sin duda una novela que va más allá de la historia del arte.

Se publica una nueva edición de " Excidio" de Manuel Barbadillo.


La librería sanluqueña FÓRUM LIBROS acaba de publicar su segundo trabajo editorial tras el éxito cosechado con su anterior libro “La Bruja de Sanlúcar”,  publicado el pasado año y que ha agotado ya su segunda edición.    En esta ocasión se trata de la edición de “EXCIDIO”, la crónica de Manuel Barbadillo, escrita en forma de diario, sobre los dramáticos sucesos de la Guerra Civil en Sanlúcar de Barrameda.

            “Excidio. Diario de la guerra civil en Sanlúcar de Barrameda”  probablemente sea  el único libro que jamás hubiese deseado escribir Manuel Barbadillo, de hecho, nunca quiso publicarlo y, cuando lo permitió, fue guardando el anonimato de su autoría y muy corregido. Sin embargo, curiosa ironía, de toda su extensa obra literaria es la única que le ha sobrevivido y ha sido la fuente de todas las investigaciones y toda la literatura posterior sobre la guerra civil en Sanlúcar de Barrameda.

 A Don Manuel Barbadillo Rodríguez, más que por su labor empresarial, le hubiese gustado pasar a la historia por su amplia obra literaria. Fue un erudito que dedicó su vida a su gran pasión: Sanlúcar de Barrameda. Recopilaba compulsivamente todo lo que encontraba sobre Sanlúcar, investigó hasta la más mínima curiosidad histórica relacionada con nuestra ciudad y publicó, a sus expensas, la mayor parte de sus trabajos con el convencimiento de estar preservando para las futuras generaciones de sanluqueños un patrimonio común basado en sus vivencias y en documentos a los que solo él, gracias a su posición social, podía tener acceso y que de otra forma hubiesen caído en el olvido. Así, cuando el 18 de julio de 1936 tuvo conocimiento del alzamiento del ejército en África, fue perfectamente consciente del momento histórico que le había tocado vivir  y, acostumbrado a rastrear en fuentes directas para sus investigaciones históricas, debió sentirse obligado a dejar constancia de todo lo que sucedía en esos trágicos meses iniciales de la guerra civil. Su privilegiada posición, tanto por sus estrechas relaciones con las nuevas autoridades, como por su contacto diario con los trabajadores de sus bodegas, situadas en el Barrio Alto, junto a un Castillo de Santiago convertido en el escenario dramático de unos sucesos que contempló personalmente, le convertían en el notario perfecto de lo sucedido en aquellos fatídicos días. 
         
             Como escribe Caballero Bonald para la portada del libro, Excidio es “Un minucioso e implacable recuento de la vida sanluqueña tras la sublevación militar del 36. La terrible crónica local de la guerra civil contada, día a día, por un testigo de excepción”.

            Con esta edición, realizada meticulosamente sobre el manuscrito original, FÓRUM LIBROS ha querido hacer una edición definitiva de los diarios de  Manuel Barbadillo sobre la guerra civil en Sanlúcar de Barrameda, una edición anotada, ilustrada y prologada de esta obra fundamental para la Historia de Sanlúcar de Barrameda. El prólogo ha sido elaborado por el historiador sanluqueño Salvador Daza Palacios y cuenta, además, con una introducción del periodista y escritor  Wayne Jamison sobre un aspecto al que no se le había prestado atención hasta ahora, como es el de la enorme importancia estratégica que tuvo Sanlúcar, como antepuerto de Sevilla, en el éxito inicial de la sublevación militar del 18 de julio de 1936.
            Esta edición cuenta con el patrocinio de la Excma. Diputación Provincial de Cádiz.
Nota de prensa.: Libreria Fórum


viernes, 11 de mayo de 2018

Luis Parejo impartirá una conferencia en los" Encuentros con el V centenario"


El próximo miércoles 23 de Mayo a las 20:00 horas en el Hotel los Helechos , tendrá lugar la conferencia  “Sanlúcar  de  Barrameda  a  través  de  los   mapas y cartas náuticas S. XV_XVI  “ a cargo del historiador Luis Parejo Fernández. Dicho acto se encuentra dentro del Ciclo de encuentros con el V centenario, organizado por el Ayuntamiento de Sanlúcar junto con la asociación Luis de Eguilaz.                 

lunes, 30 de abril de 2018

"Dolor, madera y barro" de Juan José García Rodríguez: una novela más allá de la historia del arte.


Ya se que el mundo no está trazado para las mujeres, sentenciaba el escultor Pedro Roldán hace casi trescientos años a su hija Luisa Ignacia cuando esta le comentaba su firme determinación de seguir los pasos de su progenitor. ¿Pero alguna vez lo estuvo? Juan José García Rodríguez, Licenciado en Historia del arte  lo sabe bien, su segundo libro de relatos Dolor, madera y barro, tribología barroca, (Círculo Rojo 2018) nos propone sumergimos en las circunstancias personales de tres artistas del barroco, Caravaggio, Artemisa Gentileschi y Luisa Roldan  para mostrarnos que detrás de una obra se esconde el dolor de la propia vida.
Este tríptico de personalidades cobra especial relevancia unidos indirectamente por la tragedia y la marginalidad de su tiempo. No en balde, el propio Caravaggio nos  dice en boca de García Rodríguez: Si mis biógrafos algún día llegasen a ocuparse de transcribir mi vida, lo tendrían fácil, les bastarían con leerse las denuncias en las comisarias.  Sin embargo, seguir la peripecia vital del afamado pintor italiano puede ser más fácil, pero ¿qué ocurre cuando nos acercamos a la obra de dos mujeres excepcionales como Artemisa Gentileschi y La Roldana.?  Los propios manuales de historia del arte guardan un incompresible silencio, heredado de la visión andrógina más decimonónica. De esta manera Dolor, madera y barro, va más allá del simple relato, y se convierte en un perfecto libro de consulta, ilustrado con las obras a la que los personajes hacen mención. Pues García Rodríguez, después de más de tres décadas en la enseñanza, sabe que es necesario ver para creer y en consecuencia no se ama  lo que  no se conoce.

Juan José García Rodríguez es un maestro en el término más clásico, capaz de  utilizar un simple detalle como excusa para llevarnos fuera del aula del aburrimiento. Se mueve con facilidad en el terreno de lo cotidiano y más banal, para plantearnos dilemas y cuestiones que nos hacen detenernos en nuestro trajinar diario. Posiblemente la pasmosa tranquilidad de su perro Beatles, nos contagie para obligar a sentarnos y releer sus relatos de Marejada o su nueva obra.
 Dolor madera y barro, nos trasportará  desde la  Italia de principios del S. XVII a la Sevilla decadente del barroco, cuando los últimos ecos del renacimiento luchaban con las imposiciones del  más desmesurado horror vacui. Por sus páginas pasaran a modo de sombras, artistas como Leonardo,  Miguel Ángel, Carracci y otros más olvidados como Pedro Duque Cornejo, o Diego Roldan, ilustres nombres que suelen aparecer en todas los tratados, pero sin eclipsar a los auténticos protagonistas del tríptico. Por este motivo y otros más que irán descubriendo, no dejen de leer el nuevo libro de García Rodríguez, y así cuando admiren una obra expuesta en un museo u olvidada en una iglesia, piensen que tras la madera o el barniz siempre  se encuentra las circunstancias de su creador.
José Mª Hermoso.

sábado, 21 de abril de 2018

Eduardo Domínguez Lobato impartirá una conferencia en el Ateneo de Sevilla.


El próximo miércoles 25 de Abril a las 19:30 horas en el. Ateneo de Sevilla, tendrá lugar una conferencia a cargo de D. Eduardo Domínguez-Lobato presidente de la Fundación Domínguez Lobato bajo el título “500 años con Sevilla, don Miguel y el hidalgo caballero Don Quijote.” El acto será presentado por D. Ángel Alberto Núñez Moreno, coordinador del proyecto de los sellos de la I vuelta al mundo, realizado por el Ateneo hispalense junto con la fundación Domínguez Lobato.